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Alabado sea el Santísimo

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Corpus Christi 2009
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lunes 23 de noviembre de 2009

Rúbrica y Liturgia de la Iglesia: La sandalia episcopal.




FORMA Y USO ACTUAL

A diferencia de las sandalias antiguas, que consistían simplemente de suelas sujetas al pie por correas, las sandalias episcopales son en forma de zapatos bajos y se asemejan a zapatillas. La suela es de cuero; la parte superior, generalmente adornada con bordadura, se hace en la actualidad de seda o terciopelo. No se requiere cruz sobre las sandalias; en Roma este es un privilegio exclusivamente papal. Con las sandalias se usan las medias litúrgicas, caligæ. Las medias, que son de seda, son tejidas, o bien se hacen cosiendo juntas, piezas de tela de seda que han sido cortadas en forma apropiada; se llevan sobre las medias ordinarias. El privilegio de usar las sandalias y las caligæ pertenece solamente a los obispos. Pueden ser usadas por abades y otros prelados solo por privilegio especial del papa y únicamente en cuanto el privilegio lo conceda. El calzado pontifical se usa solamente en la Misa pontifical solemne y en oficios realizados durante la misma, como ordenación, pero no en otras ocasiones, como, por ejemplo, Confirmación, Vísperas solemnes, etc. Es por lo tanto en el sentido más exacto de la palabra, una vestidura usada durante la Misa. El color litúrgico para el día determina el color de las sandalias y las caligæ; no hay, sin embargo, sandalias o medias negras, en cuanto el obispo no hace uso del calzado pontifical ni en misas de difuntos ni en Viernes Santo. Las Sandalias y las medias se acostumbran solamente en el Rito Latino y no se conocen en los Ritos Orientales.












HISTORIA

Las Sandalias y las medias pertenecen a las vestiduras litúrgicas sustentadas por la evidencia más antigua. Están pintadas sobre los monumentos del siglo quinto, por ejemplo sobre mosaicos de San Sátiro cerca de San Ambrosio en Milán, y en aquellos del siglo sexto, v.gr., los mosaicos en San Vitalio en Rávena. Originalmente las sandalias eran llamadas campagi, las medias udones. Los zapatos recibieron el nombre de sandalia probablemente durante el octavo a noveno siglo, y su nombre les fue aplicado primero en el norte; la denominación caligæ para los udones entró en uso en el siglo décimo, también en el norte. En cuanto a la forma y material originales de las campagi, eran zapatillas que cubrían solamente la punta del pie y el talón, y deben haber sido sujetadas al pie por correas. Esta zapatilla era hecha de cuero negro. Las medias eran, muy probablemente, hechas de lino, y eran de color blanco. En el período más antiguo las campagi y los udones no eran de manera alguna un ornamento episcopal exclusivamente, puesto que eran usadas por los diáconos. En verdad esta cobertura del pie no estaba reservada exclusivamente para el clero, así como no solamente los monumentos muestran que las campagi y los udones eran usados por el laicado, sino que también Lydus atestigua este uso (De mag., I, xvii). Las Campagi y los udones originalmente fueron usados en la era post-Constantino como una señal de distinción por ciertas personas de rango, y probablemente fueron copiados del calzado de los antiguos senadores.












Su uso llegó gradualmente a ser costumbre entre el alto clero, especialmente cuando estos comparecían en su plena capacidad oficial para la celebración de la Liturgia. Durante los siglos octavo y noveno también los subdiáconos y acólitos romanos utilizaban un calzado distintivo, los subtalares, que, sin embargo, eran más sencillos que las campagi, y no tenían correas. Las sandalias y las medias llegaron a ser una vestidura específicamente episcopal alrededor del siglo décimo. Aparentemente ya en el siglo doce, o a más tardar en la segunda mitad del siglo trece, no fueron usadas más por los diáconos principales de Roma. El privilegio de usar las sandalias y las caligæ fue primero concedido a un abad (Fulrad de San Denis) en 757 por Esteban III. Este es, sin embargo, un caso aislado, ya que fue solamente después del último cuarto del siglo décimo, y especialmente después del siglo doce que llegó a ser costumbre conceder este privilegio a los abades.










DESARROLLO DE LA FORMA

Las caligæ no parecen haber experimentado ningún desarrollo particular. En la Edad Media reciente eran, como regla general, hechas de seda. La más temprana imposición de las regulaciones para los colores litúrgicos respecto a las caligæ parece haber sido en Roma, pero aún aquí, probablemente no ocurrió hasta el siglo catorce. Las sandalias retuvieron sustancialmente su forma original hasta el siglo décimo.








Entonces las correas fueron reemplazadas por tres o cinco lenguas que llegaban al tobillo, extensiones del cuero superior sobre la punta del pie, y estas eran ajustadas al tobillo mediante un cordón. En el siglo doce estas lenguas fueron gradualmente acortadas; en el siglo trece, la sandalia era un zapato regular con una abertura por encima del pie o a un lado para hacer más fácil la postura. En el siglo diez y seis hubo un retorno a la forma original de la sandalia; en lugar de un zapato alto ahora llegó a ser una vez más un revestimiento del pie, como una zapatilla, una forma que ha retenido hasta la actualidad.





El material del cual se hacen las sandalias pontificales fue, hasta el siglo trece, exclusivamente cuero, en ocasiones cubierto con seda. Desde la Edad Media reciente, la parte superior de las sandalias ha sido hecha, no de cuero, sino de seda, terciopelo, etc. No es sino hasta alrededor de 1400, con la excepción de ejemplos previos enteramente aislados, que se va a encontrar una cruz sobre las sandalias. La decoración en forma de horquilla, frecuentemente encontrada en zapatos pontificales, especialmente en aquellos del siglo trece, no era una cruz sino simplemente un adorno.













Fuente: Enciclopedia Católica.

domingo 22 de noviembre de 2009

Museo de Arte Sacro, Parroquia de Santa Cruz (III) Écija.

Siguiendo con nuestro recorrido por el museo de Arte Sacro de la Parroquia de Santa Cruz de Écija, veremos de nuevo varias muestras de orfebrería.

Perteneciente a la sala dos, vemos esta vitrina, donde se encuentran varias muestras de orfebrería y joyería.

El copón se trata de una obra en plata de ley, de autor anónimo hacia 1816 proveniente de Córdoba.

Copón-purificador es igualmente una obra en plata de ley, de autor anónimo hacia 1805 de talleres ecijanos.

Cadena, obra en plata de ley de finales del siglo XVIII y de autor anónimo.

Escapulario, obra en plata de ley rematada por un águila bicéfala de la segunda mitad del siglo XVIII y de autor anónimo.

Llaves del Monumento, son dos piezas, una en plata de ley y otra en plata dorada, con sus correspondientes cordonaduras. De autor anónimo hacia 1775 por talleres ecijanos.

Puñal realizado en plata de ley, del último cuarto del siglo XVIII de autor anónimo proveniente de talleres ecijanos.

Rosario, realizado de coral y plata de ley de autor anónimo de mediados del siglo XVIII. El otro mas pequeño, realizado en oro y semillas es igualmente de autor anónimo del siglo XVIII.

Señalador, obra en plata de ley y realizado por Bernardo Laureano en Sevilla en 1708.

Las vinajeras, realizadas en plata dorada por Bernabé García y Aguilar en Córdoba en el año 1800.






En otra vitrina de esta misma sala, encontramos este altar portatil, obra de Vicente Barreda Marchena en écija hacia 1777. Se trata de un altar en madera policromada, forrada de cuero rojo con adornos dorados. La parte central, está bordada en oro, plata y sedas. Los medallones y las aplicaciones son en plata de ley.




En otra de las vitrinas, más concretamente la vitrina numero 9, encontramos otros tres objetos litúrgicos.

Copa, obra en plata de ley, por Vicente Barreda Marchena en Écija hacia 1780.

Crismeras, realizada en plata de ley y plata dorada por Antonio López del Valle en Écija hacia 1725.

El portaviático, es obra de José de Carmona, orfebre sevillano en el año 1776, siendo ésta en plata de ley con forma de pelícano.



sábado 21 de noviembre de 2009

Museo de Arte Sacro, Parroquia de Santa Cruz (II) Écija.

Siguiendo con el Museo Sacro de la Parroquia de Santa Cruz, veremos más objetos pertenecientes a la sala 1 del complejo museístico.


Encontramos esta preciosa pieza, se trata de un medallón de San Joaquín de la escuela sevillana del siglo XVIII y de autor anónimo. Se trata de un óleo sobre tabla, y enmarcado con hojas de acanto en madera tallada y dorada. Este medallón hace juego con uno de Santa Ana de similares características.





Se encuentra igualmente esta vitrina, donde se encuentran diversos objetos de orfebrería: En primer lugar encontramos la Mitra, obra en plata de ley por José de Aguilar Pérez entre 1814-23. La iglesia es igualmente en plata de ley, obra del mismo autor. La pluma es en plata de ley, obra del orfebre cordobés J. Soto en 1849. Estos tres objetos, son pertenecientes a la imagen de San Agustín de Hipona. La corona, en plata de ley es obra del orfebre ecijano José Franco Hernández Colmenares hacia 1775.





En esta misma sala, encontramos una preciosa cajonera rococó, visible en la parte inferior de la foto, obra de un taller de Écija hacia 1752. Colgadas en la pared, encontramos un juego de dos cornucopias en madera tallada y doradas, realizadas por talleres ecijanos en el siglo XVIII. La central es igualmente obra de este taller, con un documento concediendo indulgencias de D. Marcos Llanes, Arzobispo de Sevilla.






Observamos dos pinturas, óleo sobre tabla de San Pablo y San Pedro, datadas en el siglo XVIII de autor anónimo, y posiblemente de procedencia cordobesa.




viernes 20 de noviembre de 2009

Museo de Arte Sacro, Parroquia de Santa Cruz (I) Écija.

Empezamos con nuevas entradas, y después de recorrernos las naves de la preciosa Parroquia de Santa Cruz, sin salir de ella, veremos su maravilloso museo, el cual recoje un valiosísimo patrimonio litúrgico y artístico de gran antigüedad y belleza.

Comenzamos hoy, por la sala uno, donde veremos muestras de orfebrería, talla y pintura.

En primer lugar, hablaremos del conjunto visible en la foto, compuesto por un juego de atriles rococós y de gran belleza en plata de ley, realizados por el orfebre cordobés Damián de Castro en 1762-3.

Las tres sacras, colgadas en la parte superior, son igualmente rococós realizadas en plata de ley por este mismo orfebre cordobés y en la misma fecha

Igualmente los portapaces inferiores, son de este mismo estilo y orfebre, realizados en plata de ley y las imágenes de las Inmaculadas en su cartela central de plata dorada.


Es un conjunto de altar, en desuso, sobre todo era utilizados en la celebración de la misa por el rito antiguo y tradicional aunque al menos ha quedado en buen lugar y expuesto al público y no en cajones o en anticuarios.






En segundo lugar, vemos una taca, utilizada para guardar los libros de Bautismo y los Oleos, en la parte superior se encuentra la inscripción Olea Sacra. Está realizada en madera tallada y dorada
con forma de cruz vegetal en la puerta y enmarcada con talla. Es una pieza anónima del siglo XVII.

A los lados de esta taca, encontramos dos preciosos lienzos sobre tabla ovalados, anónimos del siglo XVII, a la izquierda san Crispín y a la derecha san Fulgencio.



domingo 15 de noviembre de 2009

Rúbrica y Liturgia de la Iglesia: El Corporal

(del latín 'corpus', cuerpo).
Una pieza cuadrada de lino blanco, que en la actualidad es algo menor que el ancho del altar, sobre la que se colocan la Sagrada Hostia y el cáliz durante la celebración de la misa. Aunque falta una evidencia formal, está generalmente aceptado que se ha empleado algún objeto de la naturaleza del corporal desde los primeros días de la cristiandad. Naturalmente, en los primeros tiempos es difícil distinguir entre el corporal y el mantel, y un pasaje de San Optato (c. 375), que pregunta "¿Qué cristiano ignora que al celebrar los sagrados misterios la madera [del altar] se cobre con un paño de lino?" (ipsa ligna linteamine cooperiri, Optatus, VI, ed. Ziwsa, p. 145), nos deja con la duda de a qué se está refiriendo. Este es probablemente el testimonio directo más antiguo; pues la promulgación del "Liber Pontificalis", "Él (el papa Silvestre) dispuso que el Sacrificio no debía celebrarse sobre una tela teñida o de seda, sino sólo de lino, que brota de la tierra, así como el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo fue enterrado en un sudario de lino limpio" (Mommsen, p. 51), no es fiable. Las ideas expresadas en este pasaje aparecen en una carta auténtica de San Isidoro de Pelusium (Ep, i, 123), y de nuevo en la "Expositio" de San Germán de París en el siglo sexto (P. L. LXXII, 93). Ciertamente permanecieron a través de la Edad media, como muestran los versos siguientes, atribuidos a Hildeberto (P. L., CLXXI, 1194):


Ara crucis, tumulique calix, lapidisque patena,
Sindonis officium candida byssus habet.













Es bastante probable que en los primeros siglos solo se empleara una pieza de lino, que servía igualmente como mantel y corporal, éste de tamaño grande y doblado para cubrir el cáliz. Es muy dudosa la atribución que Barbier de Montault hace de algunos lienzos del tesoro de Monza como corporales. El corporal se describía como palla corporalis, velamen dominicæ mensæ, opertorium dominici corporis, etc.; y parce que en general eran de lino, aunque oímos acerca de paños de altar de seda (Greg. de Tours, "Hist. Franc.", VII, 22; X, 16) o de púrpura (Paulus Silentiarius, "Descr. S. Sophiæ", p. 758; una miniatura en el Bendicional de San Thelwold en el siglo décimo también muestra un paño de altar de púrpura), o de tela de oro (Crisóstomo en Matt., Hom 1).












En algunos de estos casos es difícil determinar si se habla del mantel o del corporal. De cualquier manera, no hay duda que en época carolingia, o incluso antes, se estableció una clara distinción. Así, en el siglo décimo, Regino de Præm (De Disc. Eccl., cap. cxviii) trae una cita del concilo de Reims que decreta "que el corporal [corporale] sobre el que se ofrece el Sagrado Sacrificio debe ser del lino mejor y más puro sin mezcla de ninguna otra fibra, pues el cuerpo de Nuestro Salvador no fue envuelto en seda, sino en lino limpio". Añade que el corporal no debe permanecer en el altar, sino que hay que colocarlo en el Misal [Sacramentorum libro] o depositarlo con el cáliz y la patena en algún receptáculo limpio. A la hora de limpiarlo, debía ser lavado primero por un presbítero, diácono o subdiácono en la propia iglesia, en un lugar o vasija reservada especialmente para esta labor, pues había sido impregnado con el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor. Después puede ser enviado a la lavandería y ser tratado como cualquier otro lienzo. La sugerencia de guardar el corporal entre las hojas del misal es interesante, porque muestra que no puede, incluso en el siglo décimo, haber tenido siempre el tamaño extravagante que se puede inferir de la descripción en el "Segundo Ordo Romano" (cap. ix), donde se representa al diácono y al subdiácono doblándolo. Aún así, era lo bastante grande en este período para cubrir el cáliz, y cumplir así la función de la palia actual. Los cartujos aún hacen esto, pues no usan palia y no observan la elevación del cáliz.












En cuanto al tamaño del corporal, puede que se introdujeran cambios cuando los fieles dejaron de llevar rebanadas al altar, pues ya no había necesidad de un lienzo amplio para depositarlas y cubrirlas. De cualquier manera, fue en el siglo once o doce cuando la práctica de doblar el corporal sobre el cáliz dio paso al uso de un segundo corporal (plegado) para cubrir el cáliz cuando era necesario. Esta cuestión se ve debatida al detalle en una de las cartas de San Anselmo, que da su aprobación a esta disposición (P.L. CLVIII, 550); y un siglo después encontramos que el Papa Inocencio III dispone que "hay dos tipos de palias o corporales, como se llaman [duplex est palla quæ dicitur corporale], una que el diácono despliega sobre el altar, y la otra que se coloca plegada sobre la embocadura del cáliz" (De Sacrif. Missæ, II, 56). La unidad esencial de la palia y el corporal queda demostrada más adelante por el hecho que de que la bendición especial que ambos deben recibir antes de su uso les designa como "linteamen ad tegendum involvendumque Corpus et Sanguinem D.N.J.C.", es decir, para cubrir y envolver el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Esta bendición especial para corporales y palias aparece en documentos litúrgicos celtas del siglo séptimo, y la forma que prescribe actualmente el Pontifical Romano se encuentra casi con las mismas palabras en el "Liber Ordinum" español, de fecha tan temprana como la citada.











Según las normas litúrgicas actuales, el corporal no debe estar adornado con encaje, y ha de estar confeccionado enteramente de puro lino blanco, aunque parece haber muchas excepciones medievales a esta ley. No debe ser dejado extendido sobre el altar, sino que cuando no se usa hay que doblarlo y colocado en una bolsa o "estuche de corporales" [corporas-case], como se le llamaba comúnmente en la Inglaterra anterior a la Reforma. Sobre estas bolsas se desplegaba mucha ornamentación, tal ha sido el uso desde la época medieval, y aún hoy sobreviven muchos ejemplos. Hoy en día, el corporal se dobla en dos a lo ancho y en dos a lo largo, de modo que plegado forme un pequeño cuadrado. Antiguamente, cuando era mayor y se empleaba también para cubrir el cáliz, se doblaba en cuatro a lo largo y en cuatro a lo ancho. Esta práctica se observa aún por las órdenes religiosas más antiguas. El corporal y la palia han de pasa por un triple lavado a manos de un presbítero, o por lo menos de un subdiácono, antes de ser enviados a la lavandería. Además, cuando están en uso sólo los clérigos pueden manipularlos, o en su defecto los sacristanes a los que se haya concedido un permiso especial.
















Fuente: Enciclopedia Católica.

jueves 12 de noviembre de 2009

Parroquia Mayor de Santa Cruz (IX) Capilla Bautismal. Écija.

Para finalizar nuestro recorrido por la maravillosa Parroquia de Santa Cruz de Écija, veremos hoy la Capilla Bautismal.

Situada en la parte trasera del templo, en el lado de la epístola, nos encontramos con esta pequeña pero preciosa capilla, donde en el centro se encuentra la pila Bautismal en marmol rojo. En la pared y en ladrillo visto se hace un arco de medio punto central, donde se encuentra la talla de vestir de una Dolorosa, posiblemente del XVIII. A los lados, dos columnas de ladrillos igualmente vistos, donde se encuentran dos imágenes de Santos.





Esta Dolorosa, posiblemente del siglo XVIII, se encuentra vestida totalmente de negro, con una corona dorada sobre sus sienes. Probablemente perteneció a alguna cofradía, aunque pocos datos tengo sobre la imagen.





De tez blanca, y sonrosadas mejillas, nos recuerda esta imagen a otras dolorosas de este siglo, encontradas igualmente en Écija.


A su lado, se encuentra situada una imagen de Santa Rita, probablemente proveniente del desaparecido convento Agustino ecijano, al igual que el retablo ya comentado anteriormente. Es una talla de principios de mediados del siglo XVIII siendo esta de vestir y presenta la palma triplemente coronada y una corona de espinas. Es identificable fácilmente por la llaga en la frente.




En el otro lado, encontramos la talla de un Santo, con la vestimenta de Obispo, probablemente puede ser San Agustín, pero le faltan atributos para determinar cual puede ser. Se trata de una imagen de principios del siglo XVIII en madera policromada y es una talla para vestir.



domingo 8 de noviembre de 2009

Especial, Reportaje salida Extraordinaria del Descendimiento, 50 Aniversario, Jerez.





























viernes 6 de noviembre de 2009

Parroquia Mayor de Santa Cruz (VIII) Retablo del Resucitado. Écija.

De nuevo, seguimos recorriendo las naves del precioso templo ecijano de Santa Cruz, donde veremos en esta ocasión el retablo dedicado a los titulares de la Hermandad de la Resurrección.


Situado en la nave de la epístola, nos encontramos este retablo similar a los anteriores del Calvario, Nazareno y San José. De estilo neoclásico del siglo XIX imitando mármoles. Se enmarca en un gran arco de medio punto que se sostiene entre dos columnas de capitel corintio dorados en oro fino. Dentro de este, se encuentra lo que podriamos definir como el retablo en si, el cual la hornacina central donde se encuentra la imagen de Cristo Resucitado, está enmarcada con una cubierta sencilla, dejando un pequeño espacio como frontón que deja ver el fondo pintado en tonos marrones. A cada lado de éste, la Virgen y María Magdalena.






La imagen de Cristo Resucitado es una escultura de madera policromada que mantiene el modelo iconográfico habitual. Cristo bendice con la diestra alzada y adopta elegante contraposto. Se cubre con un paño dorado, anudado a la derecha; el torso, girado suavemente hacia la izquierda, rompe la frontalidad. Mediante esta respresentación clásica, fechable hacia 1600, la Resurrección del Señor da verdadero sentido al misterio Pascual de Cristo, constituyendo el paso de la muerte a la vida, de la kénosis a la apoteósis. Con la mano izquierda sostiene un estandarte en plata de forma rectangular, con picos triangulares y campanillas; éste está decorado con tulipanes, hojarasca y una cartela vegetal en su centro con el anagrama de Jesús y los tres clavos. Data del primer tercio del siglo XVIII; al final de esa centuria, un platero ecijano, apellidado Franco realizó las tres potencias de plata que ostenta sobre la cabeza. La imágen de Cristo resucitado fue bendecida, después de ser restaurada por Ricardo Comas, en marzo de 1981.


Procesiona en la mañana del Domingo de Resurrección en un precioso paso en madera dorada.






La imagen de la Virgen de la Alegría, sustituye a la primitiva imagen de la Virgen que poseía la cofradía. Al igual que la anterior, se trata de una imagen de candelero para ser vestida. Obra del imaginero sevillano Antonio Dubé de Luque, fue bendecida el 21 de febrero de 1988; en su rostro posee los rasgos típicos de su autor: hoyito en la barbilla, grandes ojos pintados sobre la madera, cuello tallado con la fosa supraclavicular, etc. Luce saya blanca y manto azul de damasco, los dos lisos sin bordados.




La imagen de María Magdalena es igualmente una talla de candelero para vestir, desconocíendose los datos y fechas de la imagen, probablemente fechada en el siglo XVIII.



domingo 1 de noviembre de 2009

Rúbrica y Liturgia de la Iglesia: El anillo episcopal.

Aunque los anillos antiguos que aún perduran cuyo origen cristiano ha sido comprobado por su diseño, procedencia, etc., son bastante numerosos (ver Fortnum en “Arch. Journ.”, XXVI, 141 y XXVIII, 275), en la mayor parte de los casos no podemos identificarlos con ningún uso litúrgico. Sin duda, los cristianos, como el resto de la gente, llevaban anillos de acuerdo con su posición social, puesto que los anillos son mencionados sin reprobación en el Nuevo Testamento (Lucas 15,22 y Santiago 2,2).














Más aún, San Clemente de Alejandría (Paed., III, c. xi) dice que un hombre puede legítimamente llevar un anillo en su dedo meñique, y que debería llevar algún emblema religioso (una paloma, un pez o un ancla), si bien, por otro lado, Tertuliano, San Cipriano y las Constituciones Apostólicas (I, iii) protestan contra la ostentación de los cristianos por adornarse con anillos y piedras preciosas. En cualquier caso, las Actas de Santa Perpetua y Santa Felicidad (c. xxi), hacia el principio del siglo III, nos informan de cómo el mártir Saturo cogió un anillo del dedo de Pudens, un militar que estaba mirando, et se lo devolvió como recuerdo, cubierto de su propia sangre.










Sabiendo que en los días paganos de Roma todos los flamen Dialis (es decir, un sacerdote especialmente consagrado para la adoración de Júpiter) tenían el privilegio de llevar un anillo de oro, como los senadores, no sería sorprendente encontrar evidencias de que los obispos cristianos llevaran estos anillos en el siglo IV. Sin embargo, los diferentes pasajes a los que se ha alegado para demostrarlo, o no son auténticos o no son concluyentes. Es más, San Agustín habla de cerrar una carta con un anillo (Ep. ccxvii, in P.L., XXXIII, 227), pero por otro lado su contemporáneo Posidio afirma expresamente que Agustín nunca llevó anillo (P.L., XXXII, 53), de donde podemos concluir que la posesión de un anillo de sello no demuestra que el anillo fuese parte de la insignia episcopal. Sin embargo, en un Decreto del Papa Bonifacio IV (610 dC), se habla de monjes erigidos a la dignidad episcopal como anulo pontificali subarrhatis, mientras que en el IV Concilio de Toledo, en 633, se comenta que si un obispo ha sido depuesto de su cargo, y luego restablecido, debe devolvérsele la estola, el anillo y el báculo (orarium, anulum et baculum).










San Isidoro de Sevilla, aproximadamente en el mismo período, relaciona el anillo con el báculo y declara que aquel es otorgado como “un emblema de la dignidad pontifical o del sellado de los misterios” (P.L., LXXXIII, 783). Desde este momento, puede decirse que el anillo fue estrictamente hablando un adorno episcopal otorgado en el rito de la consagración, y que fue considerado como emblema del compromiso del obispo hacia su Iglesia. En los siglos VIII y IX, en manuscritos del Sacramentario Gregoriano y en algunos Pontificales antiguos (por ejemplo, el atribuido al Arzobispo Egberto de York), encontramos diversas fórmulas para la entrega del anillo. La forma gregoriana, que esencialmente subsiste hasta hoy, es así: “Recibe este anillo, es decir, el sello de la fe, a través del cual tú, siendo adornado con una fe impecable, podrás mantener sin mancha la promesa dada a la esposa de Dios, Su Santa Iglesia".














Estas dos ideas (es decir, la del sello, indicativa de discreción, y la de la fidelidad conyugal) dominan el simbolismo dado al anillo en casi todos sus usos litúrgicos. La idea de la fidelidad fue llevada tan lejos en el caso de los obispos que encontramos decretos eclesiásticos que promulgan que “un obispo que abandone la iglesia a la cual se ha consagrado y se pase a otra debe ser considerado culpable de adulterio y ser castigado del mismo modo que un hombre que, traicionando a su propia esposa, se va a vivir con otra mujer” (Du Saussay, "Panoplia episcopalis", 250). Quizá esta idea de esponsales ayudó a establecer la regla, de la cual conocemos su existencia ya en el siglo XIX, de que el anillo episcopal debía ponerse en el dedo anular (es decir, al lado del meñique) de la mano derecha. Como el anillo pontificio se llevaba de vez en cuando por encima del guante, es común encontrar ejemplares medievales más anchos y más gruesos. Pero el anillo entonces quedaba demasiado holgado; se solucionaba a menudo este inconveniente colocando otro anillo más pequeño para que el otro no se cayera (ver Lacy, "Exeter Pontifical", 3).









Como muestran los cuadros de la Edad Media y del Renacimiento, antiguamente era bastante habitual que los obispos llevaran otros anillos junto con el episcopal; de hecho el actual “Caeremoniale episcoporum” (Bk. II, viii, nn. 10-11) indica que probablemente este es todavía hoy el caso. La costumbre prescribe que un laico o un clérigo de rango inferior, presentados ante un obispo, deben besar su mano, es decir su anillo episcopal, pero suponer que existe una indulgencia relacionada con el acto es una extendida aunque errónea interpretación. Los anillos episcopales, tanto en un período reciente como más lejano, fueron usados a veces como recipientes de reliquias. San Hugo, obispo de Lincoln, tenía un anillo probablemente de considerable capacidad. (Sobre la ceremonia de la investidura con anillo y báculo, ver Investiduras, Conflicto de las).












Además de los obispos, muchos otros eclesiásticos tienen el privilegio de llevar anillos. El Papa por supuesto es el primero de los obispos, pero habitualmente no lleva el anillo de sello distintivo del papado, conocido como el “Anillo del Pescador” (ver más abajo en este artículo), sino normalmente un simple camafeo, mientras que sus anillos pontificios más formidables se reservan para funciones eclesiásticas solemnes. Los cardenales también llevan anillos independientemente de su rango en la jerarquía eclesiástica. El anillo perteneciente a la dignidad cardenalicia es otorgado por el Papa mismo en el consistorio en el que el nuevo cardenal es creado con un “título” particular. Es de poco valor, con un zafiro engarzado, mientras que en la parte interna del bisel lleva las armas del Papa que lo otorga. En la práctica, el cardenal no está obligado a llevar este anillo, y normalmente prefiere usar uno propio. Los cardenales presbíteros tienen el privilegio de llevar un anillo desde el tiempo de Inocencio III o antes (ver Sägmüller, "Thatigkeit und Stellung der Cardinale", 163). Los abades de la Alta Edad Media podían llevar anillos sólo por especial privilegio. Una carta de Pedro de Blois, en el siglo XII (P.L., CCVII, 283), muestra que en esa fecha se consideraba como una ostentación el hecho de que un abad llevara un anillo, aunque en posteriores Pontificales la bendición y entrega de un anillo formaba parte del ritual corriente para la consagración de un abad, y este es todavía el caso hoy en día. Por otra parte, no existe indicación de tal ceremonia en la bendición de una abadesa, aunque algunas de ellas han recibido, o asumido, el privilegio de llevar un anillo por su cargo. También algunos otros prelados menores llevaban con regularidad el anillo, por ejemplo los protonotarios, pero no se puede decir que el privilegio perteneciera a los cánones como tales (B. de Montault, "Le costume, etc.", I, 170) sin un indulto especial. En cualquier caso, estos prelados menores no podían en general llevar tales anillos durante la celebración de la Misa. La misma restricción, sobra decirlo, se aplica al anillo otorgado como parte de la insignia de un doctor ya sea de Teología o de Derecho Canónico.











Los sencillos anillos llevados por algunas órdenes de monjas y otorgados en el curso de su solemne profesión, de acuerdo con el ritual estipulado en el Pontifical Romano, parece tener justificación en una antigua tradición. San Ambrosio (P.L., XVII, 701, 735) habla de ello como si fuera una costumbre transmitida para las vírgenes consagradas a Dios ; llevarían un anillo en memoria de su compromiso con su Esposa celestial. Esta entrega del anillo a monjas también es mencionado por varios Pontificales medievales a partir del siglo XII. Los anillos de boda, o más estrictamente, los anillos entregados en la ceremonia de esponsales, parecen haber sido tolerados entre los cristianos durante el Imperio Romano desde un período bastante temprano. El uso de tales anillos fue por supuesto posterior al Cristianismo, y parece claro que la entrega del anillo fue incorporada en un primer momento en algún ritual o envuelta de algún significado religioso preciso. Pero es muy probable que, si los cristianos acogían y llevaban el anillo de esponsales con tolerancia, tales anillos habrían sido adornados con emblemas cristianos. Algunos ejemplares existentes, más particularmente un anillo dorado hallado cerca de Arles, aparentemente del siglo IV o V, con la inscripción Tecla vivat Deo cum marito seo [suo], pueden considerarse con seguridad como anillos de boda cristianos. Igualmente, en la ceremonia de coronación, ha sido costumbre durante mucho tiempo costumbre entregar tanto al rey como a la reina consorte un anillo previamente bendecido. Quizás el ejemplo más antiguo de este uso para un anillo es el caso de Judith, la madrastra de Alfredo el Grande. Sin embargo, es un poco difícil en este caso determinar si el anillo fue otorgado a la reina en virtud de su dignidad de reina consorte o simplemente por su boda con Ethelwulf de Wessex.













También se han usado anillos ocasionalmente con otros propósitos religiosos. En una época temprana, las llavecitas de fragmentos de las cadenas de San Pedro parecen haber sido soldadas a una tira metálica y llevadas en el dedo como relicarios. En tiempos más recientes, se han realizado anillos con diez botoncitos o protuberancias, utilizados para recitar el rosario.












Fuente: Enciclopedia Católica : http://ec.aciprensa.com/

jueves 29 de octubre de 2009

Parroquia Mayor de Santa Cruz (VII) Retablo Mayor. Écija.

Siguiendo nuestro recorrido por la Parroquia de Santa Cruz de Écija, hoy pararemos en el retablo más importante de los que posee esta preciosa Iglesia, hablamos del retablo mayor, procedente del antiguo convento de la Concepción de la orden de los Mercedarios Descalzos.

Nos encontramos ante un retablo de estilo totalmente barroco de la primera mitad del siglo XVIII a base de estípites muy común de este periodo artístico. El retablo consta de un banco, dos cuerpos un ático y tres calles. Estas calles se dividen como bien dijimos anteriormente en estípites, las cuales a su vez entre ellas, enmarcan ménsulas con tallas de santos Mercedarios. En el centro de este primer cuerpo se encuentra la hornacina central la cual cobija la imagen de la Virgen con el Niño Jesús. Esta hornacina esta flanqueada por cuatro pequeñas ménsulas donde se encuentran las pequeñas imágenes de talla completa en madera de los cuantro Evangelistas.

El ático del retablo cuenta con una sola y gran hornacina donde se encuentra la titular del templo, la Santa Cruz, igualmente decorados con motivos marianos sobre óvalos.







Como bien comentábamos, en la primera hornacina, se cobija una imagen de la Virgen con el Niño Jesús con advocación de Socorro. Esta virgen está atribuida a la gubia de Jerónimo Hernández, al igual que otras tallas de la parroquia.




Esta imagen de gran dulzura, es de talla completa en madera, dorada y completamente estofada y policromada. Porta en sus brazos al Divino Infante, el cual tiene bastante semejanzas con otros Niños de este escultor, sobre todo en los cabellos sueltos y de lineas muy suaves. Esta imagen la podemos comparar en líneas generales muy por encima y con un criterio comparativo con la Virgen del Rosario de la Parroquia de Santa María de las Virtudes de Villamartín, obra atribuída con muy buen criterio a este escultor probablemente obra del ultimo cuarto del siglo XVI.








Como bien comentábamos anteriormente, y siendo este retablo procedente de un Convento Mercedario, en los laterales encontramos cuatro imágenes de santos Mercedarios, de talla completa en madera dorada, estofada y policromada muy cercanos a la gubia de Juan de Mesa o discípulos.




En la foto vemos la imagen de San Pedro Nolasco, fundador de la Orden Mercedaria.





El retablo no se encuentra en muy buenas condiciones, sobre todo la imaginería del mismo, estando bastante deteriorada y con bastántes pérdidas de policromía, acumulación de suciedad y polvo y falta de atributos.


Entre medio de las dos hornacina ya comentadas de la Virgen del Socorro y la Santa Cruz, encontramos otra gran hornacina donde se encuentra otra imagen de talla completa, esta vez de San Pablo, patrón de la Ciudad de Écija. Es una imagen de talla completa como todas las imágenes del retablo, dorada, estofada y policromada. En la parte superior de la hornacina se puede ver el escudo de la orden Mercedaria.



viernes 23 de octubre de 2009

El arte de las Iglesias en Andalucía Bloguera.

El blog del Arte de las Iglesias ya aparece en el blog Andalucía Bloguera.

Hace unos días añadí a la base de datos de este precioso blog, donde se recojen todos los blog andaluces que hay en la red.

Es una preciosa iniciativa que proponen los creadores del blog, donde se pueden ver los diferentes contenidos del mismo y todos los tipos de blog por categorías, en el caso de que se necesite información de algún tipo o por simple entretenimiento ya que los blog recojen muchísima información interesante y por supuesto informativa y de mucho contenido.

Igualmente os recomiendo la visita a este fantástico portal y de paso podéis votar por el blog del Arte de las Iglesias en el mismo.

Os dejo los dos enlaces, el de Andalucía Bloguera y el enlace donde se puede votar por el blog.


http://www.andaluciabloguera.com/2008/10/agrega-tu-blog-este-directorio.html


http://www.andaluciabloguera.com/2009/10/el-arte-de-las-iglesias.html



Gracias a todos y desde aquí dar las gracias a Andalucía Bloguera por acoger mi blog para darlo a conocer.

miércoles 21 de octubre de 2009

Rúbrica y Liturgia de la Iglesia: El báculo Pastoral

El báculo es un ornamento litúrgico que se otorga a los Obispos en su consagración y a mitrados Abades en su investidura. Es utilizado por los prelados para la realización de funciones o pontificales solemnes. A veces se afirma, que los arzobispos no utilizan el báculo, aunque esto no es verdad ya que ademas del báculo personal que pueden poseer tienen el derecho de utilizar la Cruz debido a su sede y territorio arzobispal de su jurisdicción. De acuerdo con las ideas del actual Papa esta práctica es ahora una primitiva disciplina que está muy consolidada en las representaciones de los primeros Papas, ya que se encuentran en miniaturas, monedas, monumentos, esculturas... En el siglo XI esta utilización debería de haber desaparecido, ya que el Papa Inocencio III da a entender en sus escritos que la utilización del báculo no prevaleció.










Simbolismo:

El báculo es símbolo de autoridad y jurisdicción. Esta idea es expresada claramente en las palabras del Pontifical Romano, en el cual es báculo es presentado al Obispo a elegir: "Accipe baculum pastoralis officii; et sis in corrigendis vitiis pies viens, judicium sine irâ tenens, in fovendis virtutibus auditorum animos mulcens, in tranquillitate severitatiscensuram non deserens" (Pont. Rom. 77) Es entonces cuando Durando que el báculo a cargo de los prelados es significado de su autoridad para corregir vicios, estimular y elevar la piedad, administrar la penitencia y por tanto regir y gobernar con dulzura, templanza y severidad. El mismo autor continúa diciendo, que como el mismo callado de Moisés fue sello y emblema de su mandato divino, así como instrumento de los varios milagros que realizó, también lo es el báculo episcopal que da símbolo del poder doctrinal y disciplinario de los obispos en virtud de los cuales sostienen a los débiles y vacilantes, confirmar las dudas en la fe y dirigir a los seres errantes por el verdadero camino. Barbosa, en alusión a la prevalencia de la forma del báculo, que el final del mismo es cortante y punzante por el cual provocar al perezoso, el centro significa el gobierno justo, mientras que la cabeza está doblada o retorcida con el fin de atraer a las almas por los caminos de Dios.










Bona afirma que el báculo para los obispos es como el cetro para los Reyes. En diferencia al presente simbolismo, los obispos siempre llevan el báculo con la curva retorcida hacia el exterior, mientras que los prelados inferiores deben sostenerlo con la curva invertida. Por otra parte, los báculos de los Abades no son tan grandes como los episcopales y se cumbren siempre con un velo cuando el obispo está presente.

















Origen:

El origen del báculo episcopal es a veces asociado con el cayado del pastor. Si el uso se tomó de esta fuente, es bastante dudoso ya que algunos escritores, trazan alguna afinidad con el Lituus o vara utilizada por el Augura romano en sus adivinaciones, mientras que otros ven mas huella en el báculo en una adaptación de los bastones comunes utilizados para los viajes y en las iglesias, antes de la incorporación de los asientos. En todo caso se tuvo que dar en fechas muy tempranas, para ser uno de los principales emblemas del oficio episcopal. No es fácil de determinar ya que en los primeros pasajes de los Padres de la Iglesia en los que aparece la palabra, no se puede determinar si se puede tomar literal o metafóricamente o si se designa un ornamento eclesiástico. El uso litúrgico se remonta probablemente al siglo V ya que se le hace mención en una carta del Papa Celestino I a los obispos de Viena y Narbona. Es cierto que se han encontrado bastones en las catacumbas que datan del siglo IV pero su carácter ceremonial no se ha establecido. La primera referencia inequívoca que señala al báculo como un instrumento litúrgico se produce en el vigésimo séptimo canon del Consejo de Toledo (633). En la actualidad es utilizado por los obispos cuando realizan funciones solemnes o Solemnes Pontificales, por derecho de su propia diócesis y por privilegio exterior, los prelados inferiores lo portan siempre que sea privilegiado en hacer funciones Pontificales.













Desarrollo de la forma:

La evolución del báculo es bastante interesante y curiosa. Los eclesiologistas distinguen tres primeras formas: La primera fue una vara de madera doblada o torcida en la parte superior y con forma apuntada en el extremo inferior, siendo la forma mas antigua y conocida como pedum. El segundo tuvo en lugar de una curva, un elemento esférico o especie de botón coronado generalmente por una cruz y se llamo la férula o cambuta, siendo a veces portado por los Papas.



















En la tercera forma, la parte superior se componia de una Crux decussata o T Griega y los brazos de la cruz eran a menudo retorcidos para llegar a representar dos serpientes opuestas y esto conocido como el Croatia, fue portado por Abades y obispos del rito oriental. Originariamente el material era de madera de ciprés con grafías o incrustaciones de oro o plata, aunque mas tarde los báculos eran de marfil, oro plata o metal esmaltado. De las muestras conservadas en algunas Iglesias así como en las representaciones escultóricas antiguas, pinturas y miniaturas nos podemos hacer una idea del desarrollo artístico y de la perfección que alcanzó. En la catedral de Brujas, aun se conserva el báculo de San Malo, obispo del siglo IV. Este báculo se compone por varias incrustaciones de marfil, en conjunto articulado por doce tiras de cobre siendo la voluta de origen moderno.






















Los siglos XI y XII fueron claros testigos de la elaborada ornamentación exquisita que se le dió a la cabeza del báculo. Esta voluta aparece en contadas ocasiones con un dragón traspasado por una Cruz, en otros casos una figura alegórica o bien toda la curva elaborada con una preciosa decoración floral. En el siglo XIII los espacios entre las espirales de las frondosas volutas de imágenes de santos y escenas del mundo animal y vegetal, mientras que en los de la forma gótica el mango se decoró con numerosas piedras preciosas y decorado con una corona floral de motivos alegóricos. Un buen número de estas maravillosas piezas artísticas se pueden contemplar aun hoy en las catedrales de Inglaterra y el resto del continente. Oxford conserva tres modelos muy interesantes y antiguos conservados en el New College quienes han pertenecido a Guillermo de Wykeham.











Textos: Catholic enciclopedia.

lunes 19 de octubre de 2009

Rúbrica y Liturgia de la Iglesia: La Mitra.

La mitra es el tocado o prenda con que los obispos, arzobispos, cardenales y el Papa cubren su cabeza durante los oficios litúrgicos. Los abades y nuncios la usan pero con algunas variaciones respecto del tamaño y decoración de los Ordinarios en las diversas jurisdicciones eclesiásticas. Los que detentan tal privilegio se denominan Mitrado/a en referencia, justamente, porque están facultados para lucir la Mitra.






La Mitra, siempre se supone que será de color blanco. El funcionario "Cæremoniale Romanum" distingue tres tipos de mitras: "la pretiosa Mitra", "auriphrygiata" y simple. Las dos primeras se distinguen solo por su riqueza en mayor o menos ornamentación o bordado, la simple Mitra o simple Mitre, se distingue en que solo es de color blanco de seda y sin ornamento alguno.








Las ínfulas de la parte posterior deben ser de color rojo. El obispo debe usar la pretiosa Mitra en los días la auriphrygiata Mitre en Adviento y Cuaresma, días rápidos y procesiones penitenciales. La simple Mitra el Viernes Santo, funerales y en la bendición de las velas en la festividad de la Candelaria. Cuando los Obispos asisten a un Concilio general o actos pontificios del Papa usan la mitra pequeña, mientras los cardenales usan una simple Mitra de damasco de seda.







El derecho de usar la Mitra solo pertenece al Papa, Cardenales y Obispos. Otros requieren una dispensa Papal, por ejemplo para Abades numerosos, dignatarios de la Catedral o canónicos y prelados de la curia Papal, pero por norma general, ese derecho es limitado como por ejemplo los prelados pueden usar una Mitra simple de lino blanco, si es al contrario tiene que estar concedido. La Mitra se distingue de los otros ornamentos episcopales, por ejemplo no se usa cuando el obispo está rezando, por ejemplo en las oraciones de la misa, al consagrar en el canon de la misa, etc. La razón de esto lo encontramos en un texto de la Biblia, en que los hombres deben orar con la cabeza descubierta ( 1 Corintios 11:4 ). La entrega de la Mitra se realiza en la consagración de un Obispo al finalizar la misa con la solemne Bendición final la cual es Bendecida e impuesta al Obispo.







Antigüedad de la Mitra:


Desde el siglo XVII se ha escrito mucho sobre la utilización de la mitra con el paso del tiempo. Según algunas opiniones, el uso de la Mitra se remonta a la época de los Apóstoles: segun otras opiniones dicen que por lo menos en el siglo octavo o noveno ya se utilizaba y otras que no apareció hasta el comienzo del segundo milenio, pero que antes que este hubo algún adorno episcopal para la cabeza como una corona de flores o una corona. En oposición a estas opiniones, que son bastantes y dificil de discutir, es sin embargo que este adorno episcopal nunca se usó en la Europa Occidental, ya que la mitra fue utilizada por primera vez en Roma a mediados del siglo X y fuera de Roma sobre el año 1000. La prueba exaustiva de la Mitra se escribe en "Die liturgische Gewandung im Occident und Orient" (pp. 431-48), donde todo lo que se ha presentado para probar la gran antigüedad de la Mitra a sido ampliamente debatido y refutado. La Mitra se presenta por primera vez en dos miniaturas del siglo XI: una en un registro de bautismo y el otro en un manuscrito de la Catedral de Bari, Italia. La primera mención escrita de la Mitra se encuentra en una Bula del Papa León IX del año 1049. Este Papa, que anteriormente había sido obispo de Toul, Francia, confirmada la primacía de la Iglesia de Trier al obispo Eberhard de Trier quien lo había acompañado a Roma. Como signo de esta primacía, el Papa León IX concedía al obispo Eberhard la Mitra Romana a fin de que pudiera utilizarlo de acuerdo con la romana costumbre en el desempeño del oficio de la Iglesia. Hacia 1100-50 fue costumbre de llevar la Mitra en general por los Obispos.









Origen:


El origen de la Mitra pontifica es de origen romano. Se deriva de un cubre cabeza litúrgico que abarca el distintivo de Papa, la camelaucum, a la que también debe su traza la Mitra. El camelaucum se utilizaba ya a comienzos del siglo VIII, como consta en la biografía del Papa Constantino I (708 al 815) en el "Liber Pontificalis" . Cubrirse la cabeza con la misma, se menciona igualmente en la denominada "Donación de Constantino" La novena Ordo, establece que la camelaucum estaba echa de un material blanco con forma de casco. Las monedas de Sergio III y Benedicto VII en que San Pedro es representado con la camelaucum en forma de cono, forma original de la Mitra. El camelaucum fue usado por el Papa principalmente en las Procesiones Solemnes.










La Mitra se desarrolla a partir de la camelaucum de esta manera: a partir del comienzo del siglo X, el Papa empezó a usar este ajuar litúrgico, no solo en las procesiones, si no que en la posterior llegada a la Iglesia y finalización de la misma. Si este elemento tuvo alguna influencia del sacerdotal adorno sobre la cabeza del sumo sacerdote del Antiguo Testamento, al menos no es conocido, pero probablemente no, al menos no hay rastro de tal influencia sobre la Mitra. Este echo no fue dado hasta la universalmente utilización de la Mitra por todos los Obispos a la que se llamaba una imitación de los Sacerdotes judíos y su adorno de la cabeza.











La concesión de la Mitra a otros dignatarios de los obispos:


Se duda de la utilización de la Mitra por los cardenales del siglo XI aunque es probable que ostentaran ya este privilegio en la primera mitad del siglo. Si León IX condeció este privilegio a los cardenales de la Catedral de Besançon en el 1051, los cardenales romanos la tendrían desde antes de esa fecha. La primera concesión auténtica de la Mitra a un Abad fue en el año 1063, cuando Alejandro II otorgó el privilegio de la mitra al Abad de San Agustín Engelsinus de la Abbey en Canterbury. A partir de este momento, la concesión de la Mitra a los Abades fue en aumento. En algunas ocasiones, se le concedía este privilegio a príncipes seculares como un signo de distinción, como por ejemplo el Duque Wratislaw de Bohemia, el cual recibió este privilegio del Papa Alejandro II y Pedro de Aragón por parte de Inocencio III. Este derecho también pertenecía al emperador alemán.







Desarrollo de la forma Mitral:


En cuanto a la forma, no hay mucha diferencia entre la Mitra del siglo IX a la del siglo XX, que es dificil de reconocer dado su parecido ornamental en ambos casos. En su forma mas temprana, la Mitra fue un simple elemento litúrgico de un material blando que terminaba en un punto en la parte superior, mientras que en la parte inferior en el borde, existía (que no siempre) un galón ornamental (circulus). También parece que las ínfulas no siempre estuvieron en la parte posterior. Hacia 1100, la Mitra comenzó a tener una forma curva y crecer en una cubierta redonda. Al poco tiempo, la Mitra empezó a tener una forma concava, como si se presiona un sombrero de fieltro desde la frente a la parte posterior de la cabeza. En las hermosas mitras, había unas bandas decorativas que pasaban desde la frente hacia atrás por la sangría, lo que hizo mas prominente los salientes en la parte superior a los lados derecho e izquierdo de la cabeza. Esta forma de la Mitra fue utilizada hasta finales del siglo XII aunque en algunos lugares hasta el último cuarto de siglo. Alrededor del año 1125, la Mitra adopta otra forma un tanto diferente a la que encontramos a menudo. Los salientes de los lados se habían desarrollado en forma de cuernos (ástas) que terminó cada uno en un punto y se endureció con algun tipo de pergamino o tela dura. Este estilo de Mitra se formó en la transición del tercer estilo de Mitra, que es el que esencialmente se utiliza en la actualidad.











El tercer estilo de Mitra se distingue de su predecesora no por su forma, si no en realidad por su posición en la cabeza. Además de conservar su forma, en lo sucesivo se colocaron los "cuernos" no a la izquierda y a la derecha de la cabeza, si no por encima de la frente y la parte posterior de la cabeza. Las ínfulas naturalmente se colocaban en el borde posterior cayendo hacia la espalda. Estas mitras no solo tenían ornamentación en el borde inferior (cicurlus) también una banda ornamental similar (titulus) que recorrian verticalmente el centro de la misma en la parte frontal y posterior. En el siglo XIV se empezó a distorsionar la forma de la mitra, que hasta entonces era mas ancha que alta al doblarse, pero en esta época, lentamente pero de manera constante empezó a sumar altura, hasta que en el siglo XVII se convirtió en una torre real. Otro cambio, que sin embargo no apareció hasta el siglo XV, fue que las dos partes ya no se hacían en vertical, si no en diagonal. En el siglo XVI empezó a ser mas frecuente la curva en los picos de la Mitra en las diagonales. Cabe mencionar, que la evolución de la Mitra, no fue igual en todas partes al mismo tiempo, ni las Mitras evolucionan en todas las formas. Un gran número de Mitras pertenecientes a la Edad Media se conservan, pero todas ellas pertenecen a la tercera forma. Muchas Mitras, poseen una decoración ornamental muy costosa, incluso ya en la época medieval, fue costumbre adornar las Mitras con maravillosos bordados, ricos galones (aurifrisia), perlas, piedras preciosas, piezas de orfebrería e incluso pinturas.
















Además de varios cientos de perlas grandes y pequeñas una Mitra de la Edad Media conservada en San Pedro de Salzburgo, está adornada con unas quinientas costosas piedras preciosas, llegando a pesar mas de 3 kilos y medio. Similares Mitras se conservan en el inventario de Bonifacio VIII de 1295. Ocho mitras medievales se conservan en la Catedral de Halberstadt. En los siglos XVII y XVIII, las Mitras estaban ya decoradas con grandes y pesados bordados en oro que le daban un aspecto mas imponente y maravilloso. El material original de la Mitra, parece haber sido solo de lino blanco, pero ya en el siglo XIII (Con la excepción del transcurso de la simple Mitra) era de seda, o adornada con ricos bordados en sedas.













Textos: Catolic Enciclopedia http://www.newadvent.org/

PD: Perdón por algunas palabras y frases, ya que es una personal interpretación de la traducción al español del Google que altera las palabras y el sentido de las frases. Gracias.

sábado 17 de octubre de 2009

Parroquia Mayor de Santa Cruz (VI) Retablo de San José. Écija.

Continuando con nuestro particular pase por el interior de la Parroquia Mayor de Santa Cruz de Écija, nos detendremos hoy en el retablo dedicado a San José.


De similares características al retablo anteriormente visto del Calvario y situado en la nave de la Epístola nos encontramos con este retablo estilo neoclásico del siglo XIX imitando mármoles. Se enmarca en un gran arco de medio punto que se sostiene entre dos columnas de capitel corintio dorados en oro fino. Dentro de este, se encuentra lo que podriamos definir como el retablo en si, el cual la hornacina central donde se encuentra la imagen de San José, está enmarcada con una cubierta sencilla, dejando un pequeño espacio como frontón que deja ver el fondo pintado en tonos grizáceos.


El friso se apoya en dos capiteles corintios de ojas de acanto y caulículos el cual insinua una columna sin basa dorado en oro fino.





En la hornacina central, se encuentra la talla de San José imagen de talla completa dorada, estofada y policromada.





Es una imagen de escuela sevillana del siglo XVIII de pequeñas dimensiones, dispuesta sobre una peana en forma de estípite. Con un gran juego de pliegues recogidos en la cintura, el Santo arropa en sus brazos la tierna figura del Niño Dios, imagen seriada de olot superpuesta con posterioridad, ya que la imagen al parecer no fue realizada para portarlo, al igual que la vara de azucenas, que la apolla sobre el antebrazo. Posee la imagen un nimbo en plata del siglo XVIII a base de rocallas. Los estofados son rococós a base de rocallas y flores de acertados colores con bastantes desperfectos del paso del tiempo.





Igualmente, y justo al lado se encuentra este otro pequeño retablo neoclásico del siglo XIX con un relieve rococó de finales del siglo XVIII, compuesto por unas columnas de capitel corintio que sostienen una profusa cubierta curva.



miércoles 14 de octubre de 2009

Parroquia Mayor de Santa Cruz (V) Retablo de la Hermandad del Silencio. Écija.

De nuevo y siguiendo nuestro recorrido por esta Parroquia de Santa Cruz de Écija, veremos el retablo donde se encuentran ubicadas las imágenes de la Real y Venerable Hermandad y Cofradía de Ntro Padre Jesús Nazareno Abrazado a la Cruz y María Santísima de la Amargura (vulgo "El Silencio").

Situada en la nave del Evangelio, nos encontramos ante este camarín de planta centrada, cubierto con bóveda semiesférica. Construido según proyecto del arquitecto Luciano Solache Serrano. Las obras del mismo fueron sufragadas por suscripción popular y fue ignaugurado en el año 1929.

El camarín central, está enmarcado con unas columnas en bajo relieve con un capitel dórico y enmarcado de mármol color rojo. En la parte superior una cubierta del mismo mármol sostenida por las columnas antes descritas.

Encima de esta cubiertam se encuentran pintados a los lados el escudo de la corporación y en el centro una vidriera ovalada. Todo este retablo se encuentra acogido por un arco de medio punto sobre otras dos grandes columnas de capitel dórico.






En el camarín central, encontramos la imagen de Ntro Padre Jesús Nazareno Abrazado a la Cruz, imagen inspirada en la Santa Efigie que, en torno a 1537, Sancha Carrillo mandó a pintar en la parroquia de Santa Cruz, para conmemorar la forma milagrosa en que Cristo se le apareció cierto día durante la función del Corpus Christi.





Es una escultura que ha sido vinculada a la producción del escultor Pedro Roldán, si bien la fecha tardía de su ejecución, 1699, aconseja situarla dentro de las obras realizadas por el taller del famoso artífice sevillano. Ha sido restaurada por Ricardo Comas en el año 1961, cuando le fue sustituido el primitico candelero de madera articulada, por un cuerpo totalmente anatomizado; nuevamente en el año 1992, la imagen fue restaurada nuevamente por Francisco Ayala Arellano.

La Imagen luce unas preciosa potencias de plata dorada, decoradas con rocallas y fechadas en torno al año 1770, igualmente porta entre sus brazos una cruz procesional de la misma época de ejecución del Señor, decorada con roleos vegetales, siendo ampliada en el año 1963 en los talleres de Villarreal.

Viste túnica de terciopelo burdeos lisa, con cordón de oro , aunque para procesionar posee una en terciopelo de color morado, con bordados de rocallas del siglo XVIII.





Junto al Señor y en el lado izquierdo segun se mira, nos encontramos con la talla de María Santísima de la Amargura, una preciosa talla de Antonio Castillo Lastrucci, ejecutada en el año 1964, siendo esta de candelero para ser vestida y con ojos de vídrio.






De finos rasgos y expresivo dolor pero a su vez dulce, nos encontramos ante una de las típicas tallas marianas salidas del taller de este prolífico escultor de la posguerra. La Virgen posee blancas carnaciones y recorren sus preciosas mejillas seis lágrimas, siendo igualmente destacable la impecable finura de sus manos.

La imagen se presenta vestida totalmente de blanco, con aureola de estrellas y saya blanca bordada en oro probablemente con las piezas de un traje de luces.





En el lado derecho del camarín, se encuentra una imagen de San Antonio de Padua, una preciosa imagen del siglo XVII de talla completa, dorada, estofada y policromada. Porta en su mano izquierda al Divino Infante, pieza de olot no originaria de la obra.